Por Jose ToribioEn esas ocasiones en que el ocio urbano se alza con los acontecimientos, el grafitti se equivoca de lugar y va a parar al pie de la sombría estatua de un Juan Pablo Duarte, postergado en casi todo.
Hasta ahora nadie se había atrevido a tanto si se exceptúa al pretendido borracho que se desnudó hace tres años en medio del frío, y orinó tranquilamente el busto del patricio en el pico Duarte.
Sin embargo, entre quienes le honran de palabras y quienes se van tan lejos a ejercer ese tipo de disconformidades, la diferencia se encuentra en millones de pesos y dólares bien guardados.

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